Una remontada que define una temporada: Toronto Rock silencia Rochester (11-10)

30 January 2026 / by Juan Soto
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Hay partidos que suman puntos. Y hay partidos que construyen identidad. El triunfo de Toronto ante los Rochester Knighthawks pertenece al segundo grupo.

Al medio tiempo, el panorama era desolador: 6-2 abajo, jugando como visitante y sin respuestas claras. Todo indicaba una derrota más en una cancha históricamente complicada.

Pero el lacrosse es un deporte cruel con los confiados y generoso con los persistentes.

Toronto salió al tercer cuarto con una agresividad distinta. Owen Hiltz encendió la ofensiva con goles en momentos clave. El equipo empezó a creer. Cuando Rochester respondió y amplió la ventaja, ocurrió el giro dramático: Nick Rose se lesionó tras una colisión en el área y tuvo que abandonar el partido.

El silencio en el estadio lo dijo todo. Y entonces entró Troy Holowchuk, sin calentamiento, con el marcador en contra y la presión absoluta. Lo que siguió fue una de las actuaciones más valientes de la temporada: 13 atajadas en 16 disparos y solo un gol permitido en más de 16 minutos de juego.

Mientras tanto, Toronto construyó la remontada con paciencia. Defensa sólida, recuperación de pelotas y ataques bien ejecutados. Con ocho minutos por jugar, los Rock ya ganaban 9-8.

El cierre fue puro caos controlado. Intercambio de goles, tensión máxima y, a 58 segundos del final, Mark Matthews encontró un espacio mínimo y disparó un balón que, tras rebotar, se convirtió en el gol del triunfo.

Rochester tuvo oportunidades para empatar. No pudo. Holowchuk y la defensa resistieron.

Más allá del marcador, este partido dejó nombres propios: Sam English, el mejor jugador del encuentro según su propio entrenador, Brad Kri y Josh Jubenville dominando las pelotas sueltas, y un equipo que se negó a caer incluso cuando todo parecía perdido.


Conclusión editorial

En tres partidos, los Toronto Rock mostraron sus grietas, su capacidad de ajuste y su fortaleza mental. Para el lector latino, este tramo explica por qué el lacrosse es tan adictivo: velocidad, contacto, errores castigados y redención inmediata.

Toronto no es un equipo perfecto. Pero es uno que aprende y responde. Y en una liga tan exigente como la NLL, eso marca la diferencia.