Madres Eternas: Corazón del Mundo
En este Día de las Madres queremos rendir homenaje no solamente a una madre, sino a todas las mujeres que han sostenido la vida con amor, sacrificio y esperanza en Canadá, México, Centro América y los países del Sur que celebran este día.
Hoy recordamos a esas madres que despiertan antes del amanecer, cuando el mundo aún duerme, y que con manos silenciosas encienden el fuego invisible de cada día. Mujeres que han sido raíz y camino para sus familias; refugio en medio de las tormentas y fuerza en tiempos de dolor.
La figura de la madre se parece a la tierra misma: generosa, paciente y eterna. Como la Pachamama de los pueblos originarios, muchas madres han sido sembradoras de vida y esperanza, incluso en medio de la pérdida, la violencia, las guerras y la adversidad.
Este homenaje también abraza a las madres migrantes, que cruzan fronteras llevando en sus brazos no solo a sus hijos e hijas, sino también sueños, memorias y futuros posibles. Abrazamos a las madres de Gaza, Palestina que resisten entre las ruinas y convierten las lágrimas en dignidad, resistencia y esperanza. Abraza a las madres de la Amazonía, guardianas de los ríos, los árboles y la respiración del planeta.
Y hoy también pensamos en aquellas madres cuyo amor sigue vivo en la memoria de todos y todas nosotras, como una luz que nunca deja de acompañar el camino de sus hijas e hijos.
Porque cada madre guarda en su corazón un universo de ternura y sacrificio. Son mujeres de barro, de río, de fuego y de estrellas. Mujeres que han amado más allá del miedo y del tiempo.
En este día especial, les decimos gracias. Gracias por la vida, por el abrigo, por las enseñanzas y por la fuerza silenciosa con la que sostienen el mundo.
A todas las madres, presentes y eternas: feliz día. Ustedes son, y siempre serán, el corazón del mundo.
Por: Edgar Saul Godoy



