¿Dónde es casa? Un taller en Toronto explora la identidad y el sentido de pertenencia de los inmigrantes

7 November 2026 / by Nestor Gaetan
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A través de las experiencias de sus participantes, el encuentro organizado por Canadá Habla Español invitó a reflexionar sobre la identidad, las raíces y la posibilidad de construir un nuevo hogar sin perder el vínculo con el lugar de origen.

¿Qué significa estar en casa cuando se ha dejado el país de origen para comenzar una nueva vida en otro lugar? ¿Es un territorio, la familia, los recuerdos o algo que cada persona construye dentro de sí misma?

Estas preguntas dieron forma al taller «¿Dónde es casa?», realizado el jueves 5 de noviembre en Toronto por la organización Canadá Habla Español, bajo la coordinación de Agustina Tocalli-Beller, autora del libro Extranjero aquí, mas no en mí.

La actividad propuso un espacio de reflexión e intercambio sobre la identidad, los vínculos y las distintas maneras de experimentar la pertenencia durante el proceso migratorio. A partir de consignas inspiradas en el libro, los participantes compartieron sus propias definiciones de hogar y las transformaciones que supone comenzar una vida en otro país.

Una de las primeras propuestas consistió en definir la palabra «casa» utilizando un solo término. Las respuestas reflejaron distintas experiencias personales y formas de comprender el significado de pertenecer.

La casa como parte de uno mismo

Para Moisés, uno de los participantes, la respuesta fue «yo». Su definición trasladó la idea de hogar desde un espacio geográfico hacia la propia identidad.

«Porque creo que, no importa dónde vayamos, siempre la única persona a la que vamos a tener cerca y va a estar con nosotros en todo momento somos nosotros mismos», explicó.

Su reflexión puso de relieve una dimensión personal de la experiencia migratoria: la relación con uno mismo como una referencia que permanece, incluso cuando cambian el entorno, las relaciones y las circunstancias de vida.

Samuel, otro de los asistentes, ofreció una perspectiva diferente, vinculada con el presente y la experiencia de habitar un lugar.

«Es el lugar donde todos habitamos, ya sea ahora que emigramos, esta es nuestra casa, pero siempre el lugar donde nuestra alma y nuestro cuerpo habitan», expresó.

Ambas respuestas reflejaron distintas maneras de entender el hogar: como una construcción interior y como el espacio en el que transcurre la vida cotidiana.

Compartir las experiencias para construir comunidad

Detrás de la convocatoria estuvo Carolina Testa, cofundadora de Canadá Habla Español y organizadora del encuentro.

Testa explicó que uno de los objetivos de la iniciativa fue generar un espacio donde las experiencias individuales pudieran compartirse y convertirse en una oportunidad de comprensión colectiva.

«Todos somos inmigrantes y todos tenemos experiencias distintas de inmigración. Y pienso que compartir esa experiencia es donde está la riqueza y nos permite formar una comunidad que se escucha, que se comprende, que también se acompaña en este proceso que es la inmigración», señaló.

La propuesta parte de reconocer que no existe una única experiencia migratoria. Las circunstancias, los tiempos de adaptación, las relaciones familiares y los motivos para emigrar pueden ser diferentes, pero el intercambio permite encontrar puntos de conexión.

Mantener las raíces y construir una nueva identidad

También participó Erika Aguilera, impulsora de Toronto Habla Español y miembro fundadora de Canadá Habla Español.

Para Aguilera, emigrar no debería implicar abandonar la identidad de origen, sino encontrar una manera de integrar las raíces, las tradiciones y la historia personal a una nueva etapa de vida.

«Lo más valioso que yo obtuve de esto es mantener nuestra identidad, nuestras raíces, nuestras tradiciones y construir ese puente entre lo que somos y lo que traemos y podemos aportar», afirmó.

Al preguntarle dónde está su casa, su respuesta resumió una de las ideas centrales del taller:

«Casa es a donde vaya, donde yo la construya, empezando por mí misma».

Esta mirada plantea la pertenencia como un proceso que no necesariamente exige elegir entre el país de origen y el de acogida. Por el contrario, permite pensar en una identidad que incorpora nuevas experiencias sin renunciar a las anteriores.

Una nueva vida también significa descubrir nuevas versiones de uno mismo

La experiencia migratoria tampoco se vive de la misma manera en todas las etapas de la vida.

Valeria, una joven que acaba de llegar, compartió una definición de casa estrechamente vinculada con los afectos y la vida familiar. Para ella, el hogar está representado por su madre, pero también por la mesa del comedor, las conversaciones interminables y el acto cotidiano de compartir la comida.

Al reflexionar sobre lo que se llevaba del encuentro, habló de la posibilidad de reconstruirse y descubrir nuevas facetas de su identidad.

«Una vez que nos rompemos, siempre puede haber una posibilidad, abre la posibilidad a poder tener nuevas salidas, nuevas versiones de nosotros mismos. Así que esto recién empieza para mí, porque yo recién me mudo, así que estoy lista y emocionada por conocer a la nueva Valeria de este nuevo destino», expresó.

Sus palabras reflejaron la expectativa y la incertidumbre que acompañan los primeros pasos en un nuevo país, así como la posibilidad de interpretar el cambio como el comienzo de una nueva etapa personal.

¿Es posible pertenecer a más de un lugar?

El taller «¿Dónde es casa?» reunió distintas voces y experiencias alrededor de una pregunta que atraviesa a numerosas personas inmigrantes: cómo preservar la identidad de origen mientras se construye un nuevo sentido de pertenencia.

Las reflexiones compartidas durante el encuentro mostraron que el hogar puede estar asociado a una persona, una familia, una memoria, un territorio o a la propia identidad.

Más que ofrecer una respuesta definitiva, la actividad abrió un espacio para escuchar y reconocer las distintas maneras de transitar la inmigración.

Porque emigrar no significa necesariamente dejar de pertenecer a un lugar para comenzar a pertenecer a otro. A veces, significa aprender a construir casa en más de un sitio, sin dejar de residir en uno mismo.