La película de Benjamín Naishtat, adaptación de la novela de Hernán Ronsino, llega al Festival Internacional de Cine de Toronto con una historia sobre la amistad, la violencia, la culpa y las huellas que deja el pasado en una comunidad.
La literatura argentina vuelve a encontrarse con el cine en TIFF 2026 con Glaxo, la nueva película del director argentino Benjamín Naishtat, basada en la novela homónima del escritor Hernán Ronsino.
La producción llega a Toronto con una historia construida alrededor de vínculos personales, secretos y acontecimientos del pasado que continúan afectando a una comunidad. La memoria, la amistad, la violencia, la traición y la culpa forman parte de un relato que utiliza la ficción para acercarse a distintas dimensiones de la sociedad argentina.
Para la audiencia latinoamericana de Toronto, la presencia de Glaxo en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) representa además una oportunidad para encontrarse con una producción cinematográfica de la región y con una historia que, aunque profundamente argentina, aborda experiencias y conflictos que pueden generar resonancias más amplias.
De la novela de Hernán Ronsino al cine
Uno de los puntos de partida de la película fue precisamente aquello que Naishtat encontró en la novela de Ronsino.
Durante una conversación con CHHA 1610 AM, el director explicó que el carácter policial de la obra fue uno de los elementos que despertó su interés. También destacó la estructura coral de la novela, construida a partir de diferentes puntos de vista, y su capacidad para abordar de manera concisa la historia argentina reciente.
La adaptación implicó trasladar esos elementos de la literatura al lenguaje cinematográfico, manteniendo el espíritu de los personajes, pero permitiendo también que el guion y el propio rodaje aportaran nuevas dimensiones.
En ese proceso, Naishtat buscó evitar una división sencilla entre personajes “buenos” y “malos”. Según explicó durante la entrevista, la película construye una comunidad en la que sus integrantes están atravesados por diferentes formas de conflicto moral.
La memoria como parte de la historia
En Glaxo, el pasado tiene un peso importante sobre el presente.
La película no se centra exclusivamente en reconstruir determinados episodios históricos, sino que utiliza las experiencias de sus personajes para que el espectador vaya armando su propia interpretación de los acontecimientos.
Naishtat explicó que decidió respetar en ese aspecto el espíritu de la novela. La película incorpora, sin embargo, un prólogo fotográfico y determinadas escenas iniciales que permiten establecer el contexto en el que se desarrolla la historia.
De esta manera, la memoria individual de los personajes se encuentra con una memoria colectiva que permanece presente, incluso cuando los acontecimientos que la originaron han quedado atrás.
Esteban Bigliardi y un personaje marcado por la culpa
Uno de los personajes centrales de Glaxo es Vardeman, interpretado por Esteban Bigliardi.
El personaje regresa a su pueblo después de haber pasado un largo período en prisión por un crimen que no cometió. Su regreso supone reencontrarse con antiguos amigos y con una comunidad vinculada directamente con el drama que marcó su vida.
Para Bigliardi, uno de los desafíos de la interpretación fue imaginar un pasado que él mismo no había vivido y construir las emociones de alguien que vuelve después de haber perdido una parte importante de su vida en prisión.
Resentimiento, venganza, culpa y lealtad forman parte de ese universo emocional.
El actor contó además que había leído la novela y que encontró similitudes entre los personajes literarios y los de la película, aunque señaló que la construcción final también estuvo determinada por el guion y por aquello que fue surgiendo durante el rodaje.
Ficción y realidad: una distinción importante
Durante la entrevista surgió también la presencia de la fábrica y la referencia al amianto dentro de la historia.
Naishtat hizo una aclaración relevante: ese elemento pertenece a la construcción ficcional de la película y no debe interpretarse como una representación directa de un caso real.
Según explicó, en la novela el personaje de Miguelito aparece enfermo, aunque no se especifica claramente cuál es su enfermedad. Para la adaptación cinematográfica, el director decidió vincular esa situación con la fábrica porque consideró que era un elemento verosímil para la historia, aunque no necesariamente verdadero como hecho histórico específico.
La aclaración resulta significativa porque recuerda que Glaxo parte de referencias reconocibles de una sociedad y de una época, pero continúa siendo una obra de ficción.
Una historia argentina que dialoga con el público latinoamericano
El cine latinoamericano tiene una presencia particularmente significativa para las comunidades migrantes en ciudades como Toronto.
Muchas de las personas que viven hoy en Canadá llevan consigo historias, recuerdos y referencias culturales provenientes de distintos países de América Latina. En ese contexto, películas como Glaxo pueden convertirse en espacios de encuentro con determinadas experiencias de la región.
La ficción ofrece, además, una manera particular de aproximarse a cuestiones sociales e históricas. No necesariamente explica una realidad de forma documental: permite observarla a través de personajes, conflictos y situaciones que pueden generar preguntas y distintas interpretaciones.
En ese sentido, una historia localizada en una comunidad argentina puede adquirir nuevas lecturas cuando es observada desde la experiencia de una audiencia latinoamericana que vive fuera de su país de origen.
Dos caminos hacia el cine
La conversación con Naishtat y Bigliardi también permitió conocer las historias personales detrás de Glaxo.
Naishtat recordó que su relación con el cine comenzó durante la infancia. Se definió como un cinéfilo formado, entre otras cosas, en la cultura del VHS y los videoclubes. También recordó que su abuela lo llevaba al cine y que a los once años recibió una cámara de video con la que comenzó a realizar sus propios cortometrajes.
Bigliardi, en cambio, llegó a la actuación por un camino diferente.
El actor contó que estudió Derecho y que recién alrededor de los treinta años comenzó a realizar talleres de teatro. Con el tiempo descubrió que su verdadera vocación estaba relacionada con la actuación y el cine.
Dos trayectorias diferentes que confluyeron en Glaxo, una película que lleva una historia nacida en la literatura argentina hasta uno de los principales festivales internacionales de cine.
Glaxo en Toronto
La llegada de Glaxo a TIFF 2026 permite que una historia argentina encuentre nuevos espectadores en Toronto y, al mismo tiempo, contribuye a ampliar la presencia del cine latinoamericano en uno de los encuentros cinematográficos más importantes de Canadá.
Para la comunidad hispanohablante de la ciudad, el paso de una película argentina por TIFF también representa una oportunidad para acercarse a nuevas voces del cine de la región y reconocer, desde la distancia, historias que continúan dialogando con nuestra memoria cultural.
Por Néstor Gaetán | CHHA 1610 AM – La Radio de la Comunidad



